Escribir esta novela, cuando tenía 24 años, lo rescató de un presente que no lo ilusionaba
En la competencia con la pantalla, una ventaja de la literatura es el registro intimista. Si uno ve las distintas texturas anímicas por las que atraviesa una novela, vamos ganando, porque es más difícil lograrlas con la imagen”.
Federico Reyes Heroles Escritor y analista político.
Después de escribir Ante los ojos de Desirée, su primera novela, Federico Reyes Heroles supo que ya no podría vivir sin la literatura. Lo descubrió entonces, cuando tenía 24 años, y hoy lo reitera.
"Es difícil de explicar, pero no puedo quedarme sin vida interior; diario necesito un rato para mí, mis letras, mi mundo, mis lecturas".
Cuenta que se propone ir soltando ocupaciones. En 2009 planea dejar la presidencia de Transparencia Mexicana y a largo plazo sus colaboraciones como analista político para dedicarse sólo a escribir y dar clases.
"Decía don Edmundo O'Gorman que vivir informado cancela la inspiración, y algo tiene de cierto".
Reyes Heroles recuerda con añoranza las noches en las que escribió Ante los ojos de Desirée, siete semanas en las que dejó surgir una prosa desbocada, "bastante arbitraria", influida por su lectura de Rayuela, de Julio Cortázar.
Ahora ya no se suelta las riendas, dice, su prosa es más precisa. "Tanto en El abismo como en Canon -su tercera y cuarta novelas-, el conflicto vital permanece, pero tamizado por la filosofía, que me ha ido troquelando".
Era un tiempo en el que aún escribía con música, "Keith Jarrett me acompañó", y la escritura lo rescató de un presente que no lo ilusionaba.
Trabajaba entonces en una oficina de la Secretaría de Programación y Presupuesto y pensaba en cómo huir del aburrimiento. Es por eso que Reyes Heroles se reconoce en el hastío del protagonista, Luciano Talbek, habitante de un país sin nombre en el que, como en el México de los 80, el futuro político era incierto.
"Sentía cierto hartazgo. Había terminado mi carrera, trabajaba y pensaba: ¿qué más?, esto no puede ser todo, la vida sensible tiene que seguir creciendo, debo encontrar otro asidero".
Y así se dejó ir en una novela que apunta ya las claves de su obra: un registro intimista y la mujer como personaje central. En su ópera prima, saludada por Francisco Zendejas como el "primer campanazo" de 1983, Reyes Heroles maneja elipsis, cambios de tiempo, en una trama vertiginosa, compleja, de thriller.
Publicada por Joaquín Mortiz en su primera edición, Ante los ojos de Desirée, que ahora reedita Alfaguara, pasó años en el escritorio de Joaquín Diez Canedo, mientras Reyes Heroles aguardaba su dictamen.
Cuando al fin se publicó, nadie lo entrevistó, "era un desconocido", pero las críticas hicieron que la novela circulara y fuera candidata al Premio Xavier Villaurrutia en 1984. A la distancia, el escritor agradece no haberlo ganado, ya que en esa época su padre, Jesús Reyes Heroles, era Secretario de Educación y eso representaba una "pésima coincidencia".
La levedad de Desirée, "la deseada", contrasta con la carga vital de Luciano, que se va desmoronando, hasta dejarse morir y luego renacer. Desirée es la mujer arquetipo, que habita entre la realidad y el sueño, una mujer idealizada por el protagonista, que ante la imposibilidad de aceptar su muerte deja escapar amores tangibles como el de Gabia, hasta llegar a un final que dista de ser un happy end.
"Desirée es una mujer que ya no está en este mundo, a la que conocemos por escenas fugaces, unas cuantas, que están en la memoria de Luciano", señala. "Sin que se diga, el personaje va cayendo lentamente en una crisis mucho más profunda de lo que es en apariencia, pero así son las depresiones, no se anuncian".
Para Reyes Heroles resulta actual la trama periodística que plantea la novela, en la que Luciano es amenazado tras denunciar en el periódico donde trabaja la corrupción del Ejército, y considera aún palpable la existencia de una clase media que lucha por encontrar una identidad, como el propio protagonista, que se asume parte de una generación sin drama, que nada ha vivido y por eso nada tiene que contar.
"Creo que parte de la confusión política (que existe hoy) surge de esa generación. El proceso democratizador de México fue pacífico comparado con el de otros países, y hay un grupo que sigue a la búsqueda de su propia revolución, que se quedó sin drama, a los que esta transición modulada les resulta aburrida. Existe una tradición de los sin drama, y otros que se inventan su propio drama".
Por: Silvia Isabel Gámez
Ante los ojos de Desirée
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