A sus 32 años, Andrés Neuman vive la fama tras haber ganado el Premio Alfaguara 2009. Va de un país a otro en gira de promoción. Pero se da un respiro y cuenta que ante todo es un ciudadano muy politizado, desencantado de la izquierda, pero aún de izquierda, y señala que ahora la política y la novela deben generar personajes que sean ciudadanos, comunes, y no héroes mesiánicos que siempre están fracasando.
El próximo martes presenta en nuestro país su novela El viajero del siglo, la cual define como un texto futurista que sucede en el pasado, donde se mezclan las ideas políticas, la cultura, el feminismo y la historia de amor de Hans y Sophie. Es, dice, un viaje al siglo XIX con los mismas situaciones del siglo XXI, y ofrece una conferencia de prensa previa.
De los personajes, tema que le apasiona, tanto en su construcción como en sus roles dentro de un texto, asegura que no le gustan las novelas donde hay un protagonista inteligente y los demás son unos estúpidos.
Al respecto, se le pregunta qué personajes entrañables se han presentado en la narrativa latinoamericana después del boom. Busca en su memoria, pero no alcanza a definir algunos.
Por ello, explica que la actual literatura está descuidando ese aspecto tan importante, y explica que una de las causas puede ser el lenguaje contemporáneo en la novela. “No se trata de volver al pasado de los grandes protagonistas, sino recuperar ese lenguaje donde se perfila al personaje humano, al ciudadano que vive dentro una problemática.
Recuerda que tampoco se trata de volver a la autoépica de los sesentas y setentas del siglo pasado, donde los personajes son superdotados, héroes efímeros que finalmente son derrotados.
Explica que no tienen compromiso social o político: “Esta idea de que ya no hay compromiso, no hay valentía ni principios, es un discurso al cual mi generación ha desarrollado una alergia”.
El razonamiento literario le da pie para cuestionar si el compromiso con la política se obtiene con un carnet de afiliación de un partido o ser una ciudadano muy politizado, como se describe a sí mismo.
Tanto en la literatura como en la política se deben crear personajes ciudadanos, no héroes. Esos últimos ya hicieron su trabajo.
Ahora vemos el mesianismo, héroes que siempre están fracasando, y no la política.
En el último punto de su gira por 10 países de habla hispana, dice que al igual que el mesianismo, en el mundo de hoy existe una especie de utopía revolucionaria que exige héroes, no ciudadanos.
Por: Adrián Figueroa.
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