Con la novela Las violetas son flores del deseo, la escritora ganó el Premio Juan Rulfo, de Radio Francia Internacional, en 2005
Julián Mercader desea a su hija y, buscando sublimar su obsesión y evitar la catástrofe de la culpa, crea una línea de muñecas sexuadas adolescentes, vírgenes y con capacidad de sangrar: Las Violetas.
Dar voz al deseo masculino y encarnarlo con todos sus vericuetos y sus partes más oscuras fue el “propósito deliberado” de la narradora Ana Clavel al escribir Las Violetas son flores del deseo (Alfaguara).
En esta novela corta, con la que obtuvo el Premio Juan Rulfo, de Radio Francia Internacional, en 2005, la también cuentista explora los límites del deseo, los sentimientos prohibidos, “los que a pesar de que se niegan u ocultan siempre están ahí y terminan por salir”, afirma en entrevista.
La autora, de 46 años, parte de la premisa de que el deseo se desata con la mirada y que este simple acto tiene consecuencias tanto para el que mira como para el que es mirado. “El deseo es algo natural, primitivo y avasallador, pero los prejuicios hacen que lo neguemos; por eso hay que aprender a encontrarle formas alternas de canalizarlo para que no moleste o lastime a nadie”.
La Premio Nacional de Cuento “Gilberto Owen” 1991 aclara que no buscó hacer una novela provocadora, sino narrar una historia honesta desde el punto de vista masculino y no desde la visión de la hija violentada, que es lo más común y abordado.
“Lo que me sedujo de mi protagonista es la honestidad total con la que se maneja, incluso cuando está en la oscuridad de sus sentimintos. Lo llevo a situaciones límite, porque creo que si alguna función tiene la literatura es ofrecernos una especie de espejo mágico, donde vemos no sólo lo evidente, sino lo que no está ahí”, agrega.
Los deseos clandestinos de Mercader lo llevan al éxito, pues al presentar a sus Violetas en una feria internacional, se sorprende cómo empiezan a encarnar las fantasías de numerosos clientes, quienes las solicitan por pedido y con características “extravagantes”. Esto lo convierte en blanco de una sociedad secreta que busca abolir toda forma de perversidad.
Y es en el proceso de creación de las muñecas, con aromas diferentes cada una, piel tersa y maquillaje distinto, que el personaje alcanza “el grado máximo de perfeccionamiento de la fantasía”, es decir, “al elaborar el objeto de su deseo cree lograr su ideal: transformar a las muñecas poco a poco en mujeres”.
La autora de las novelas Los deseos y su sombra y Cuerpo náufrago confiesa que le llevó sólo cuatro meses estructurar esta novela, debido a que “darle voz a este padre deseante fue como una vorágine que me jaló”, a pesar de que tuvo que investigar a fondo cómo se fabrican las muñecas y cómo se estructura un perfume.
Clavel añade que más que una presentación formal de este libro, en abril próximo se presentará en la Casa Refugio Citlaltépelt una muestra integrada por muñecas sexuadas que en este momento elaboran 15 artistas plásticos, entre los que destacan Arturo Rivera, Gabriel Macotela, Rocío Caballero y Saúl Kaminer.
Lo que me sedujo de mi protagonista es la honestidad total con la que se maneja, incluso cuando está en la oscuridad de sus sentimintos.”
El deseo es algo natural, primitivo y avasallador, pero los prejuicios hacen que lo neguemos.”
Ana Clavel
Escritora
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