Miércoles 04 de junio de 2008
El libro de Antonio Orlando Rodríguez es una reflexión sobre la relación Cuba-EU
yanet.aguilar@eluniversal.com.mx
Si alguien le ha dicho a Antonio Orlando Rodríguez que la protagonista de su novela Chiquita es una metáfora
de Cuba, él asegura que más que hacer una metáfora explícita de la isla, quiso usar a esa liliputiense cubana
de 65 centímetros como un personaje que le permitiera reflexionar sobre las relaciones entre los pueblos y los
imperios; establecer esa relación que siempre existe entre enanos y gigantes.
La historia con la que obtuvo el Premio Alfaguara de Novela 2008, arroja una mirada sobre la relación de
Estados Unidos, España y Cuba —esa suerte de triángulo de las Bermudas—, pero sobre todo le permite
demostrar que el mundo siempre ha sido una versión de Gulliver en el país de los gigantes o Gulliver en el
país de los enanos, según el prisma desde donde se mire.
El narrador cubano, nacido en 1956, que radica en Estados Unidos desde hace 17 años, aseguró que las
relaciones entre los países grandes y los pequeños siempre han sido muy difíciles. “Hoy en día vemos que los
países pequeños empiezan a ser respetados y tienen mayor conciencia de sus derechos e identidad”.
De visita en México para promocionar la novela biográfica de Espiridiona Cenda, llamada La muñequita
viviente, que se convirtió en una de las celebridades mejor pagadas de los teatro de vaudeville, Antonio
Orlando Rodríguez señaló que se han dado pasos hacia el respeto de esos pueblos para que sus voces sean
escuchadas, pero las desigualdades económicas todavía son muy difíciles de resolver; pero al menos en los
foros internacionales tienen presencia y son escuchados.
“Todavía al ser humano le falta avanzar en el respeto a las diferencias. Este libro habla sobre la importancia
de entender que lo normal es ser diferentes, lo que sería extraordinario es que todos fuéramos iguales; la
diferencia es religiosa, sexual, política, económica, física, de raza y género. El libro supone esa lectura del
respeto a la diferencia”.
Tras la celebridad que alcanzó a principios del siglo XX, Chiquita quedó en el olvido, casi ningún cubano sabía
de sus glorias hasta que Rodríguez la encontró y se volvió protagonista de su novela. A través de sus páginas
descubre a una transgresora, adelantada a su tiempo, aunque ella no haya tenido conciencia de su rol como
mujer ni de ese papel de avanzada. “No creo que haya sido una abanderada de los derechos de la mujer”.
Sin embargo, el escritor, editor y periodista, considerado un especialistas en literatura infantil, dijo que
Chiquita es una síntesis de la mujer latinoamericana, luchadora y dispuesta a enfrentar diversos problemas.
A su gran atractivo de liliputiense se sumó el tiempo que le tocó vivir, las primeras décadas del siglo XX.
Estuvo en los escenarios y en los momentos importantes en la historia de Estados Unidos, Europa y América,
tiempo de giros políticos, cambios sociales y también culturales.
Para contar la historia de Chiquita, Rodríguez realizó tres grandes investigaciones: la vida de Chiquita; los
lugares y las épocas en las que se movió, y las personas que giraron a su alrededor como satélites. Así
transcurre la historia que mezcla realidad, fantasía, humor y picaresca, una línea de trabajo que el autor
explora desde hace varios años.
Chiquita se presenta hoy a las 19:30 horas en Insurgentes sur 945, colonia Nápoles, con un espectáculo en el
que participan Regina Orozco, Fernanda Tapia y una Chiquita que encontró y contrató Antonio Orlando
Rodríguez.
EL UNIVERSAL
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