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LUIS LEANTE
La Luna Roja
Novela que confirma el talento narrativo del autor.
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El Autor
Luis Leante nació en Caravaca de la Cruz (Murcia) en 1963. Licenciado en Filología Clásica por la Universidad de Murcia, actualmente trabaja como profesor de Latín en Alicante. Ha cultivado diversos géneros literarios: relato, teatro, novela, poesía, ensayo, artículos periodísticos. Ha escrito guiones cinematográficos y algunos de sus relatos han sido adaptados al cine. Ha publicado los libros de relatos El último viaje de Efraín (1986) y El criador de canarios (1996), y las novelas Camino del jueves rojo (1983), Paisaje con río y Baracoa de fondo (1997), Al final del trayecto 1997), La Edad de Plata (1998), El canto del zaigú (2000), El vuelo de las termitas (2003, 2005) y Academia Europa (2003). Ha conseguido algunos premios literarios de poesía, relato y novela, entre ellos el Premio Alfaguara de Novela por la obra Mira si yo te querré, publicada en 2007. |
| La Obra |
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Novela que confirma el talento narrativo de su autor, Leante traza un complicado juego de espejos que nos revela, imagen a imagen, los fragmentos de un rompecabezas que se fraguó en el pasado y que los personajes descubren al mismo tiempo que el lector.
Leante crea un minucioso mecanismo de relojería para seducirnos con su prosa desnuda y concisa, y el resultado es una novela que seduce, una historia que se disfraza de misterio para atrapar al lector, y que luego se revela muchas más cosas.
Narraciones y vidas que discurren paralelas, un misterio, dos historias de amor que sucedieron en el pasado y una mujer que deambula entre ambos mundos. |
Tras Mira si yo te querré, premio Alfaguara de Novela 2007, Luis Leante confirma sus dotes de narrador con una historia que de nuevo nos conmueve, y lo hace siendo fiel a su sagrado principio de la concisión y la brevedad; el resultado es una narración de lectura tremendamente ágil, cuyas páginas nos transportan a otras ciudades y otros tiempos. Mientras disfrutamos de sus palabras, nos encontramos con una serie de personajes lastrados por un pasado que ha acabado por desdibujarlos, empujados a enfrentarse a él para seguir adelante.
René Kuhnheim, un escritor frustrado cuyos esfuerzos por dejar atrás sus limitaciones han sido en vano, acude a la Universidad de Alicante para dar una charla sobre el escritor turco Emin Kemal, con quien mantuvo una estrecha relación de amistad y de cuya obra es traductor. Pronto sucede algo inesperado y René se encuentra de nuevo en la encrucijada de visitar al escritor, que lleva una vida retirada en la ciudad, una visita que lo cambiará todo.
A la luz de los recuerdos que despierta ese contacto con su pasado, empujado por la irrupción de una misteriosa joven, René se encuentra volviendo poco a poco la vista hacia atrás, mientras que ante la mirada del lector se desmadeja una intrincada trama que se fraguó hace años. No son sólo los paralelismos que existen entre ambas vidas, las de René y Emin, que, aún discurriendo en circunstancias similares, son muy distintas y están separadas en el tiempo, sino las cosas que ambos creyeron haber dejado atrás, a pesar de lo cerca que siempre convivieron con ellas.
Y lo que en principio se perfila como una novela de misterio, a las pocas páginas deviene el recorrido de dos vidas singulares en el tiempo y en el espacio, pues la narración se reparte entre Emin y René, hasta tal punto que en ocasiones ambas son una y la misma, sin olvidar a las personas que las condicionarán de principio y fin. Las concisas oraciones de Leante, cuyo lenguaje en ocasiones ha sido considerado cinematográfico, encuentran su escenario geográfico en ciudades únicas, ciudades en cuyas calles se enmarcan las pasiones que mueven a sus personajes.
Emin, un joven enfermizo que se crió en Estambul y perdió muy pronto a su padre: Poco a poco, salió adelante superando su frágil salud y apoyándose en las personas que lo rodeaban y lo querían, descubrió que la escritura era algo más que un refugio para la melancolía, se hizo periodista y se enamoró.
René Kuhnheim, hijo de un diplomático trasladado a Estambul: Convivió con una madre apática que no tardó en quedarse soltera tras divorciarse de su marido, se adaptó a su nueva condición de extranjero en ciudad extraña y se enamoró. Pronto sintió también el impulso de escribir, pero todo cambió cuando decidió dejar atrás su vida en Estambul al ingresar en la universidad.
Es cuando aparca el presente, que Leante aprovecha para que viajemos constantemente al pasado. Lo hace para mostrarnos la infancia del escritor turco, pues con Emin Kemal nos enamoramos de la joven Orpa, y al poco tiempo, comprobamos que todas las historias son una y nos enamoramos de nuevo de la joven Tuna, tal como le sucede a René en otro tiempo, pero en la misma ciudad. Estas dos mujeres marcan en gran medida dos de los vértices de la novela --el tercero sería el misterio--, junto a la enigmática Derya, esposa del escritor, mujer más joven que él, una superviviente que no duda en hacer lo necesario para preservar el legado de Kemal y, de paso, preservarse a sí misma.
La vertiginosa escritura de Luis Leante conduce al lector a lo largo y ancho de ambas vidas, partiendo de su último encuentro, hasta desmadejar por completo el misterio latente sobre el que se asienta la obra. De ese modo, una vez aceptadas las premisas, el lector se embarca en un viaje por el tiempo que lo lleva a todo aquello que caracteriza la escritura de Leante: paisajes y gentes que nos son ajenas y, al mismo tiempo, muy próximas, e historias que encuentran en eco en nuestras vidas. |
| Declaraciones del autor |
«La literatura es la gestación de imágenes y personajes que forman realidades que terminan por independizarse de “la pura realidad”.»
«Mira si yo te querré es una novela realista, pero tiene una estructura compleja, en mi opinión. La originalidad de la novela no está tanto en la historia como en la manera de ir contándola. Parto del relato clásico para montar una historia sobre un bastidor que trata de ser original. Trato de abrir puertas, una detrás de otra, y luego cerrarlas en el mismo orden sin dejar al lector perdido en el desierto.»
«A la hora de escribir, las imágenes son importantes, hay escenas que incluso las dibujo, hago algo así como un storyboard con determinados momentos. Es difícil de explicar, pero yo tengo mucha visualización de todas las escenas que desarrollo y esa influencia es del cine, porque yo me he empapado de ahí desde pequeño; además sin límite, lo veo absolutamente todo, al igual que leo absolutamente todo.»
«Yo creo que es bueno reivindicarla porque la aventura no tiene nada de peyorativo ni negativo, puede ser un género tan bueno como otro. Por el hecho de que haya aventuras en una novela, no tiene porque desprestigiársela. Es un género que no se le ha valorado la suficiente.»
«A mí lo que me gusta es la concisión, la brevedad; que no tiene nada que ver esa sencillez con la vulgaridad, o con el lenguaje coloquial. Yo no trato de escribir como hablo. A veces se confunde esa sencillez con el lenguaje plano, y el que no se da cuenta de esto es porque no ha leído mucho [...] Yo creo que para un escritor es más importante lo que se queda fuera, lo que se poda de una frase, y a mí me gusta contar las cosas con las menos oraciones posibles. Me costó veinticuatro años escribiendo, y aún hoy quitaría más cosas, sin llegar al minimalismo.»
«En estos tiempos hay que pedir perdón cuando se escribe una historia de amor. Es una sensación rara, pero escribo de lo que quiero porque probablemente no me lea nadie o me leerá poca gente y eso me da mucha libertad. Es verdad que el tema del amor no va con estos tiempos [...] A lo mejor estamos necesitando historias de amor y no nos damos cuenta. Nos hacemos tanto los duros que al final es todo una fachada.»
«Creo que todos los escritores son producto de lo que leen y de lo que viven. Yo he leído mucho y admiro literariamente a estos dos autores. Y a muchos otros, claro. Pero mis influencias van más atrás. Las raíces de mi estilo están en el mundo clásico, en la tragedia griega, en la lírica, en las narraciones históricas de Tucídides, en las descripciones de Heródoto, en la novela bizantina e incluso en la prosa de Cicerón. Lo que ocurre es que la mayoría de la gente no ha leído jamás a los clásicos grecolatinos y le resulta más recurrente acudir a referentes actuales.» |
| La crítica ha dicho |
Sobre Mira si yo te querré
«Mira si yo te querré es muchas más cosas que una novela sobre el Sáhara.»
ALMUDENA GRANDES
«Mantiene la atención desde la primera página. Es una historia de amor sobre un fondo novedoso y dramático en los campos de refugiados, en la comunidad saharahui y, aunque no es una obra política, transpira de ella de una manera visible y conmovedora.»
MARIO VARGAS LLOSA
«La composición de Mira si yo te querré se basa en la analepsis. Cada parte de la historia arranca de un momento presente, esboza una situación para cuyo entendimiento cabal faltan datos, y poco a poco, mediante sucesivos saltos atrás, va descubriendo las claves necesarias. El uso de esta técnica compositiva no es ajeno a la literatura, claro está, pero su frecuencia en la obra de Leante hace pensar sobre todo en un recurso cinematográfico, al igual que ocurre con otros aspectos de la novela, que no sería sorprendente hallar pronto convertida en imágenes, porque contiene elementos, como la historia de amor convencional, el exotismo, la aventura y el misterio, que la hacen especialmente apta para pasar a la pantalla.»
El Mundo
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| Entrevista |
Luis Leante:
“Escribir es más un acto de cobardía que de rebeldía”.
—Después de ganar en 2007 el premio Alfaguara con Mira si yo te querré, ¿cómo se enfrenta un autor a su nueva obra, con mayor responsabilidad?
Con mayor responsabilidad, porque sé que hay más lectores que antes esperando la próxima novela. Pero también con incertidumbre, porque los caminos de la creación literaria son resbaladizos e incluso traicioneros. Si tratas de demostrar algo, lo más probable es que sólo demuestres lo estúpido que puedes llegar a ser. Pero una vez superados estos primeros titubeos, conseguí meterme en la historia que tenía entre manos y sólo cuando escribí la última línea volví a recordar que había ganado un premio importante con la novela anterior. No hay nada mejor que ponerse a escribir, para olvidarse de lo que hay alrededor de uno.
—Si en Mira si yo te querré la acción transcurría entre Barcelona y el Sahara, La Luna Roja lo hace básicamente entre Estambul y Alicante. ¿Qué tiene el mundo árabe y, ahora, el otomano que tanto le atraen literariamente?
Aunque son dos culturas distintas con una misma religión, en realidad me atraen más los puntos que tienen en común con nuestra cultura que las diferencias. No me atrae tanto lo exótico como el fondo histórico que compartimos. El mundo árabe, porque durante siglos formamos parte de ese imperio que terminó bajando sus fronteras hasta el norte de África. Y de Estambul, porque su cultura está cimentada sobre los rescoldos de un poderoso imperio romano que por filtraciones y evolución ha llegado de distinta manera a las dos culturas. Me interesa más lo que nos une que los que nos separa. Pero al mismo tiempo me fascina la mezcla y la “contaminación”. Cuando uno se mira en el otro, aprende muchas más cosas que si lo hace en el espejo.
—Bajo la forma de una novela casi policiaca, La Luna Roja es también una gran historia de amor y una hermosa reflexión sobre la literatura como parte de la vida… ¿Cómo surgió?
La novela son muchas piezas que terminan por formar esta historia. Cada una ha ido surgiendo de distinta forma y en diferentes momentos, pero el detonante se produjo en un viaje a Estambul que me proporcionó un material extraordinario para que esas historias tuvieran un cuerpo donde sustentarse. La Luna Roja son varias novelas que, escritas cada una por su parte, habrían resultado un relato diferente. Aunque la mayor parte de la historia es ficción, algunos de los personajes que aparecen en ella son reales, o inspirados en ellos. Lo “irreal” es haberlos reunido a todos en la misma historia. Por otra parte, todo lo relacionado con la trastienda del mundo literario, o de la creación literaria, está sacado de mi propia experiencia.
—La novela narra las vidas paralelas del escritor turco Emin Kemal y de su traductor René Kuhnheim, frustrado por su falta de talento literario. Sin embargo, esos paralelismos llegan a fundirse hasta crear en el lector la sensación de estar leyendo la misma historia, a pesar de las divergencias...
Sí, cada uno de los personajes termina siendo el reflejo del otro. Sus vidas tienen muchos puntos en común, y al mismo tiempo son diferentes. Pero hay un momento en que casi se convierten en un mismo personaje. No es sólo un recurso literario. Yo lo tomo de la vida real. Algunos escritores, a base de escribir sobre otras vidas, terminan por no diferenciar entre la suya y la de sus personajes. René y Emin son escritores y personajes a la vez, y en algunos momentos de la historia es imprescindible conocer a uno para conocer al otro. Creo que hay muchas almas gemelas por el mundo que no llegan a encontrarse nunca, pero en la literatura se puede hacer “trampa” y preparar el camino para que coincidan.
—Emin Kemal es un escritor atormentado, frágil, con episodios de enajenación, un autor para quien la literatura es un refugio. ¿Lo es también para usted?
Sí, la literatura es un refugio. Más que un acto de rebeldía —como muchas veces se ha dicho—, la literatura me parece un acto de cobardía. Cobardía porque uno se esconde detrás de lo que escribe para transformar la realidad o contarla a través de unas gafas que la transforman a su propio gusto. A veces, esa cobardía se convierte en arte y entonces se produce la Gran Literatura. Pero, mientras eso no llega, uno sólo se esconde del mundo y lo confecciona a su medida. Para Emin Kemal, la literatura es la delgada línea que separa la cordura de la locura. Y no le falta razón para pensarlo.
—Además de la literatura, el nexo de unión entre autor y traductor es la figura enigmática de Derya, esposa y amante. ¿Es una mujer malvada o una superviviente?
Derya encarna a un ángel vestido de demonio, y viceversa; depende del momento. Aunque me resulta triste reconocerlo, es un personaje inspirado en mi entorno. Existen unas cuantas deryas sueltas por el mundo. En realidad son personas ambiciosas, con pocos escrúpulos, que usan a los demás para conseguir sus propósitos. Al escarbar, uno encuentra inseguridades, miedos y muchas carencias severas en semejantes personas, pero en la superficie esa maldad y ambición mezcladas producen personajes tan siniestros y explosivos como el de esta mujer.
—Tanto en su anterior novela como en ésta, el pasado y el presente se alternan. ¿Cómo definió la estructura del libro?
La estructura de la novela ha sido para mí más compleja que la propia novela. Cuando estoy en esta fase, me siento como un arquitecto que va montando en su cabeza las formas, volúmenes y superficies que quiere construir. Luego, sobre el papel, las cosas no siempre salen así. Me lleva más tiempo concebir la estructura que contar la historia. Pero sin esta forma de contarla, La Luna Roja sería otra cosa diferente. El lector no debe notar la complejidad de la estructura, ni puede perderse en estos saltos. Es como lanzar muchos cabos al aire, aparentemente de una forma caótica, e ir atándolos poco a poco. Cuando cada cabo está bien sujeto, entonces empiezo a escribir. Y a disfrutar. Si lo tuviera que explicar técnicamente, sería mucho más complejo y prosaico.
—Lenguaje conciso, cinematográfico. Usted dijo que para un escritor lo más importante es lo que se queda fuera, lo que se poda de una frase. ¿Ha tenido que podar mucho de La Luna Roja, incluso algún elemento importante, como un personaje o una línea argumental?
Sobre este asunto del estilo, me parece que hay mucha confusión. Con frecuencia se confunde el estilo sencillo, con el estilo plano, y se suele alabar lo complejo porque se considera más elaborado. Yo creo que esto sólo puede decirlo alguien que no ha intentado escribir en su vida. Cualquiera que tenga aficiones literarias sabe lo difícil que es despojar al lenguaje de ramas innecesarias. La escritura recargada, barroca, de frases largas, adjetivación abundante y sinónimos rebuscados es mucho más fácil que el lenguaje claro y directo. Entre el estilo literario de Hemingway y el de Cicerón hay un mundo tan amplio que resulta incluso inexplorado en algunos casos. Si algo caracteriza a La Luna Roja es precisamente la “poda”. El primer borrador de la novela era casi el doble de extenso que el último. Y no modifiqué el argumento ni eliminé personajes. Por el camino quedaron cientos de adjetivos innecesarios, nexos subordinantes, reiteraciones, páginas enteras de diálogos y muchas palabras ambiguas y poco precisas. En mis primeros libros, cada vez que eliminaba una palabra, me sentía como un traidor. Ahora, cuando elimino frases enteras, lo celebro como si mi equipo hubiera marcado un gol.
—¿Qué empuja al propio autor a “introducirse”, a participar de algún modo en la historia que escribe? Me refiero, por ejemplo, al detalle de que René haya firmado un libro de relatos titulado El criador de canarios, título que figura entre los publicados por usted. ¿Es un juego?
Es un juego, y al mismo tiempo es la chispa de la literatura; o una de ellas. La lectura que hace el escritor y el lector de una obra son muy diferentes. Yo no pretendo que el lector me vea a mí en el personaje de René, pero lo cierto es que estoy en René, en Emin Kemal y en muchos otros secundarios. Así me siento más cerca de ellos, porque en realidad son parte de mí. El libro está salpicado de cameos que no aparecen en los créditos; y no sólo míos. No me gusta la autobiografía en la novela, pero cuantas más cosas tengo en común con los personajes más fácil me resulta hacerlos hablar y moverse. Después se alimentan de otras cosas y lo biográfico pasa a segundo plano. |
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